Omar López Mato

“¿Por qué no se dedica a otra cosa?”

“Usted para esto no sirve. ¿Por qué mejor no se dedica a otra cosa?”

Cuantas personas a lo largo de la historia han escuchando este tipo de frases lapidarias. Muchas de ellas hicieron caso, desistieron de su vocación y se dedicaron a otra cosa, pero algunos (quién sabe ¿la mayoría?, ¿unos pocos?) perseveraron en su intento, como lo hizo Enrique Caruso, el cantante cuyo nombre se convirtió en sinónimo de canto lírico. Cuenta que uno de sus profesores le recomendó abandonar su carrera por no tener “suficiente voz”. En el caso de Edison, los profesores le habían dicho que era “demasiado tonto” para aprender y en el de Charles Darwin -el padre de la teoría de la evolución- sus profesores lo consideraban un chico con nivel intelectual por debajo del promedio, algo parecido a lo que le pasó a León Tostoi, cuyos docentes lo expulsaron de la escuela a la que asistía por no tener “capacidad ni voluntad para el aprendizaje”. Hablando de aprendizaje, el general Douglas Mac Arthur, uno de los generales más ilustres de la historia americana, fue rechazado dos veces en su intento por ingresar a West Point. Bueno… también el general Custer y el general Pickett, dos de los oficiales más celebres de la guerra civil, habían terminado últimos en su promoción. Vale recordar que Albert Einstein -quien tardó 6 años en hablar, pero que después dijo de todo- no pudo ingresar en el Politécnico de Zurich y en 1905 su tesis doctoral fue rechazada por irrelevante, y nos vale aclarar que nos referimos ni más ni menos que a la Teoría de la Relatividad.

Hasta acá hemos considerado los juicios precipitados de los docentes, pero otros fueron victimas de “los especialistas” en un plano profesional: Verdi fue criticado por su “Traviata” y en algún momento hasta pensó en abandonar su carrera, y Bizet por su “Carmen”, dicen que este pesar precipitó su muerte. El padre de Rodin estaba seguro que su hijo era un idiota después de fracasar en tres oportunidades para ingresar a la Escuela de Bellas Artes de Paris. A Rudyard Kipling, el escritor inglés premio Nobel de literatura, un editor del San Francisco Examiner rechazó una de sus obras diciendo “Sr. Kipling, lo siento, pero usted no sabe usar el idioma ingles”.

Monet y Renoir tampoco sabían pintar para el crítico Leroy, y Van Gogh vendió un solo cuadro en vida. Cuando le regaló uno a su médico, el Dr. Rey, éste lo tiró a la basura. Hoy esa obra vale no menos de  millones de U $s.

Estos fueron sólo algunas víctimas de los especialistas que más hacia nuestros días, sin haber aprendido nada de sus predecesores, se dedican a pontificar sobre talentos y habilidades. A Elvis Presley le recomendaron que siguiera manejando su camión, a Clint Eastwood le dijeron que no llegaría a ser actor porque hablaba muy lentamente, a Marilyn Monroe le recomendaron que dejara su carrera de modelo para dedicarse a ser secretaria… o mejor aun a casarse, y a Jack Nicholson le aseguraron que jamás habría de triunfar en la pantalla grande por sus escasos dotes histriónicos.

“La verdad es hija del tiempo” decían los romanos… y de la humildad deberíamos agregar, después de 10.000 años de errores y afirmaciones temerarias.

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12 febrero, 2010 Posted by | Curiosidades | 1 comentario

La Piedra de la locura

La extracción de la piedra de la locura era una práctica habitual en el ejercicio de la medicina medieval; de hecho varios artistas como Brueghel, Jan Stern, Hals, Breuven y Van Henesse abordaron este tema. Quizás la obra más célebre sobre esta dichosa piedra pertenezca a el Bosco y fue ejecutada entre 1475 y 1480. Es un óleo sobre tabla de 40 cm de lado que fue trasladada a España, como muchas obras de este artista flamenco, a instancias de Felipe II. La pintura está enmarcada por una inscripción que dice: Meester snyt die keye, myne name is Lubbert Das (Maestro, extráiganme la piedra, mi nombre es Luber Das). Lubber Das era un personaje satírico de la literatura holandesa, que no brillaba precisamente por su intelecto. Literalmente quiere decir “bajito y castrado”. Su nombre era casi un sinónimo de tonto.

Por entonces, se creía que los locos tenían una piedra en el cerebro que trastornaba su conducta. De hecho, la piedra justificaba la insania y por lo tanto era aconsejable su extracción. El cirujano, aquí representado con un embudo en la cabeza (el embudo sólo permite recibir y dar poco, lo que significa que el doctor está recibiendo dinero a cambio de poco o nada), hacía una incisión en el cuero cabelludo del paciente y en un acto de prestidigitación, o asistido por un cómplice, “extraía” la piedra de la discordia.

¿Por qué una treta tan burda persistió por tantos años? Probablemente porque esta intervención evitó que muchos cuerdos terminasen en la hoguera. En 1484 el Papa Inocencio VIII había promulgado la bula Summis Desiderantes, que hizo recrudecer los juicios de brujería y el ya pesado trabajo de la Inquisición. Al ser considerado el paciente “un loco” y no un endemoniado, se lo liberaba de una muerte segura al spiedo teológico.

En el caso de esta obra de el Bosco lo que extrae el doctor no es una piedra, sino un tulipán, símbolo del dinero. Esta flor era muy cara en Holanda, de hecho hasta hubo un escándalo económico por las especulaciones con tulipanes (como vemos, cualquier cosa sirve como excusa para hacer una burbuja financiera de la nada).

El cirujano, a su vez, luce al cinto una bolsa por un puñal, una clara alegoría de la estafa que se está perpetuando. Testigos de esta “cirugía” eran un fraile y una monja. Él, con una botella de vino en la mano de la impresión de estar ebrio y ella, con un libro sobre la cabeza, representa a las supersticiones e ignorancia de las que frecuentemente  se acusaba al clero.

Esta imagen era una no tan velada crítica a la Iglesia, una situación habitual en esos tiempos prerreformitas, cuando en muchos países se vivía con malestar los excesos de los prelados. El Bosco denuncia así las creencias populares absurdas y sin base científica que permiten a desaprensivos aprovecharse de los incautos y  enriquecerse a costa de los tontos, circunstancia que, salvadas las formas y los tiempos, aun subsisten y habrán de subsistir mientras el hombre tenga sus pies en esta tierra.

La extracción de la piedra de la locura. El Bosco.

12 febrero, 2010 Posted by | Curiosidades | Deja un comentario

Toros en Buenos Aires

Como en toda Colonia española, el primitivo puerto del Buen Ayre  contó con su Plaza de toros, es más, no una sino varias porque al principio nuestra Plaza de Mayo – entonces Plaza Mayor- se cerraba para oficiar de ruedo (de hecho algunos entendidos en política opinan que nuestra Plaza de Mayo continúa siendo un ruedo de toreros, pero sin toros). Desde el Cabildo y gradas instaladas para la oportunidad, los primitivos porteños seguían con entusiasmo las verónicas y pases de los matadores. A medida que creció la ciudad esta plaza improvisada quedó impropia para una capital de virreinato y en 1790 el virrey Arredondo autorizó la construcción de otra plaza en el hueco de Montserrat, cerca de donde hoy se encuentra el Ministerio de Salud Pública. Por allí también se hallaba la “calle del pecado” (nuestros avezados lectores bien adivinaran a que pecado nos referimos). Ante los escándalos suscitados por estos pecados y por los toros, los vecinos llevaron sus quejas al virrey Avilés que ordenó el traslado del ruedo a una zona apartada y con fama de peligrosa, llamado El Retiro o barrio recio. En la hoy Plaza San Martín, más precisamente donde se alza el monumento al Libertador, se construyó, hacia 1801, una magnifica plaza de forma octogonal y “estilo morisco” (léase ladrillo a la vista). Este ruedo no solo fue testigo del coraje de picadores y matadores, sino de los soldados porteños que aquí se defendieron de los invasores ingleses. Sin embargo el entusiasmo taurino pronto comenzó a declinar y para 1820 la plaza fue demolida – después de haber servido de corral para las cabalgaduras del Regimiento de granaderos a Caballo – . ¿Por qué este abrupto desinterés? En otras ex colonias hispanas, como Méjico y Perú, la tauromaquia aun despierta entusiasmo cuando no pasiones. ¿Qué pasó entre nosotros? No me parece que nuestro amor a los animales tenga nada que ver ya que solemos ser más crueles con sus congéneres, menos briosos en los mataderos, induciéndoles una muerte para nada poética y más comercial. Parece ser que durante nuestros primeros  gobiernos patrios se estableció un espíritu antiespañolista que hizo rechazar todo lo relacionado con la Madre Patria, incluidos los toros. A este fenómeno tan particular debemos agregar la prédica de Sarmiento después de Caseros, donde luce su antiespañolismo feroz asociado al amor a los animales que profesaba el sanjuanino. De hecho una corrida organizada en Rosario hacia 1868 fue prohibida por orden del entonces presidente. De esta forma hemos perdido una tradición milenaria, brutal y salvaje pero pintoresca, en cuya práctica se destacaron algunos héroes de la patria como Lavalle, Olazábal y Pacheco que oficiando de matadores, picadores y banderilleros hicieron gala del mismo valor temerario que después derrocharían en los campos de batallas de América del Sur.

12 febrero, 2010 Posted by | Historia | Deja un comentario

Morir como un romano

La cicatriz estrellada del General Mitre y su infaltable chambergo

Eran los tiempos en que Buenos Aires enfrentaba a la Confederación. Sola, resistía al sitio impuesto por el general Lagos que secundaba las intenciones unificadoras de Urquiza. El general Paz, con su larga experiencia de enfrentar encierros como el de Montevideo, sostenía esta nueva Troya del Plata. La suerte había querido que muchos de aquellos que lo siguieron durante años, nuevamente estuviesen a su lado. Bartolomé Mitre, por entonces coronel, fue elegido Jefe del Estado Mayor. Paz no era hombre de permitir errores en sus subordinados, todo debía salir según sus cálculos. Tampoco era de andar ahorrando recriminaciones para aquellos que no estuviesen a su altura. Las memorias de Paz son una sucesión de juicios valorativos sobre sus subordinados o enemigos. Después de todo, esa es la tarea de un estratega, saber qué está bien y qué anda mal para actuar consecuentemente.

El 2 de marzo de 1853 cuando apenas clareaba el nuevo día, el general Paz  inspeccionando las líneas de defensa desde los altos de Defensa y Brown, en la casa del inglés Brittain, detectó una nueva trinchera que avanzaba sobre los tenues límites de las fortificaciones. En una noche los sitiadores habían avanzado un buen trecho sobre las líneas porteñas..

Nuestra idea de esta Buenos Aires desproporcionada nos hace creer que las batallas se libraban en parajes extraños a nuestro transito diario. No era así. Recordemos que las tropas de Lagos acampaban cerca de la Iglesia del Pilar. La avenida Callao (en ese entonces de Las Tunas) era el límite norte de la ciudad. Lo que entonces llamaban “La loma del diablo” era del Callao y Las Heras, en pleno Barrio Norte. Hacia el oeste la ciudad seguía los caminos de la actual Entre Ríos. Los barrios de Flores y Belgrano eran pueblos lejanos, descanso de carretas y quintas de familias pudientes. San Isidro eran las vacaciones de verano que permitían escapar del calor de la ciudad. Por eso nos cuesta ahora creer en arroyos bajo el pavimento y lagunas como fue en su momento la Plaza Lavalle o un deposito de huesos como lo era la hoy elegante plaza Vicente López, conocida entonces como “El hueco de las cabecitas”.

Chacarita de los Colegiales era antes de convertirse en Cementerio,  la quinta donde relataba Miguel Cané sus aventuras juveniles y Plaza Once o Miserere fue por años, estacionamiento obligado de las carretas que traían sus mercaderías de Mendoza y San Juan.

La ciudad era entonces potreros, quintas, fábricas de ladrillos y en este caso campo de batalla donde confederados y porteños (no solo argentinos sino también extranjeros agrupados en batallones de italianos y franceses) hacían derroche de coraje.

Volviendo a nuestro relato, el General Paz señaló esa línea y con el gesto adusto y una frase casi gruñida, indicó a Mitre su tarea. Este no tardó en poner en marcha y a las 8 de la mañana dirigió sus soldados hacia la línea aparecida durante la noche. Avanzaba Mitre al frente del regimiento, seguido por su hermano Emilio y el comandante Arenas a cargo de la artillería, por el llamado potrero de Langdon (lugar donde hoy se encuentra la cárcel de Caseros). Mitre, de a caballo, impartía las órdenes para que Arenas comenzase el hostigamiento con la artillería, cuando bruscamente un golpe terrible lo arroja al piso. Su cara y su chaleco se bañaron de sangre. Mitre yace herido. Su asistente, el teniente Felipe M. Ezcurra; (por curioso designio del destino, sobrino de Juan Manuel de Rosas, tanto por lado paterno -hermano de Encarnación Escurra- como materno, una hermana de Don Juan Manuel) lo ayudó rápidamente a ponerse de pie,  Entonces, apenas recuperado del impacto, Mitre nos dejó esta frase para la posteridad “Quiero morir de pie, como un Romano”. Ezcurra, no supo qué decir ante esta exclamación, es más, no tenía idea sobre esta extraña costumbre de los romanos. El teniente se limitó a revisar la herida y comentar: “No es nada”, a lo que Mitre observó: “Sin embargo, es como si tuviera el proyectil adentro”.

El destino labra curiosos caminos. Durante su juventud el tío de Ezcurra es decir Don Juan Manuel de Rosas, le había salvado la vida a Mitre evitando que cruzase el Río Salado por un paso peligroso. Un año antes, en plena campaña de Caseros, Mitre por minutos se había salvado de ser asesinado por las tropas sublevadas del coronel Aquino. Durante la batalla, un subalterno impidió que un soldado enemigo lo hiriese con su bayoneta y ahora, esta bala destinada a volarle la cabeza impactó la escarapela metálica que su esposa Delfina había cosido tan diligentemente al quepis. La suerte estaba del lado de este general poeta, que llegaría a ser el primer presidente de una Argentina unificada.

Mitre, para levantar el ánimo de los combatientes, que lo creían muerto intentó montar a caballo, pero las fuerzas le flaquearon y decidió retirarse del campo, caminando. Aún así saludaba y alentaba a la tropa. En su camino hacia las líneas porteñas encontró a su hermano, a quien trasmitió el mando. Al comandante Arenas le impartió las órdenes de cómo debía disponer sus cañones Para entonces  su voz era un susurro.

En el cuartel de Concepción, se le practicaron las primeras curaciones. Inmediatamente se hizo presente su amigo desde los tiempos de Montevideo, el Dr. Portella, uno de los pocos médicos educados en Francia y de desacatada carrera política. Había sido el doctor de uno de los escasos siete legisladores que se habían votado en contra de la suma del poder público que Juan Manuel de Rosas había exigido en su momento. La disidencia le condujo  al exilio.

El diagnóstico de Portella fue preciso: “Hay fractura del frontal y es gravísima. La masa cerebral está comprimida por el hueso roto… Es preciso operar ya mismo…”

Había que actuar sin demoras. Inmediatamente Mitre fue transportado a una casa del actual barrio de Constitución. Para tener una idea de la importancia  que el comprometido estado de Mitre causaba en la ciudad sitiada, basta mencionar que uno de los que llevaba la camilla era Pastor Obligado –futuro gobernador de la provincia de Buenos Aires. Paz, al enterarse del pronóstico reservado dijo: “Prefiero perder un ejército que perderlo a Mitre”.

Hacia esa casa se dirigió el Dr. Portella, acompañado por el Dr. Juan José Montes de Oca – decano de la Facultad de Medicina, el Dr. Pedro Ortiz Vélez (sobrino de Dalmacio Velez Sarfield e hijo del que fuera secretario de Facundo Quiroga también asesinado en Barrancia Yaco y curiosamente enterrado en el cementerio de Mendoza) y el Dr. Hilario Almeyda, hábil cirujano, y responsable de extraer los fragmentos óseos que tenían a mal traer a Mitre. Fue él y no Portella como se dice erróneamente, quien salvó la vida del futuro presidente de la República.

Antes de que Mitre cayera inconsciente durante la operación (que por supuesto se hizo sin anestesia) alcanzó a decirle a sus médicos, todos ellos conocidos de muchos años: “Ustedes me tratan peor que el enemigo”.

La exitosa cirugía dejó una cicatriz estrellada en la frente de Mitre y la falta de hueso permitía la trasmisión de los latidos de las meninges, especialmente cuando el general debatía con vehemencia. La cicatriz obligó al general a reemplazar el quepis o la galera por el chambergo, caracterizándolo a tal punto que era raro verlo a Mitre sin su sombrero.

Una serie de anécdotas se tejieron alrededor de esta curiosa herida. El emperador Pedro II de Brasil, atento al protocolo, no se atrevía a pedirle que le mostrara su cicatriz, por lo que buscaba cualquier pretexto para poder examinarlo de cerca, hasta que un día, vencido por la curiosidad le preguntó si alguna vez le molestaba, a lo que Mitre, riendo, contestó: “Ni un simple dolor de cabeza, por eso receto siempre un  balazo en la frente a los que padecen de  dolor de la cabeza”.

Su chambergo, como señalamos, se convirtió en símbolo. Lo usaba tanto con el uniforme como con el frac o el traje de calle. Los dibujos de la célebre entrevista con el General López durante la Guerra del Paraguay lo  muestran a éste con un quepis rojo cuajado en laureles y plumas; mientras Mitre luce una sobria levita militar sin galones y su chambergo.

Así se lo vio durante su presidencia, en la revuelta del 74, y en todos los acontecimientos políticos de los que fue principal actor. Existen películas del general con más de 80 años, caminando solo por las calles, recibiendo el saludo de la gente y luciendo su chambergo que tapaba esa cicatriz estrellada. El senador brasilero Silvera de Motta dijo al referirse a esta herida: “Es un documento auténtico que prueba que Mitre no acostumbraba volver la espalda al enemigo”.

A la muerte del general se emitieron una serie de medallas conmemorativas, una de ellas era la sola imagen de su chamebrgo, suficiente carta de presentación de Don Bartolo, en recuerdo de esa bala que por poco le arrebata la vida en los potreros de Langdon.

El general Mitre luciendo su cicatriz estrellada. El cuadro pertenece al pintor Ulpiano Checa.

Don Bartolo y su infaltable chambergo que cubría la herida sobre su frente.

El quepis de Mitre que le salvó la vida gracias a la escarapela que su esposa había cosido diligentemente.

10 febrero, 2010 Posted by | Historia | Deja un comentario

Los Baby Boomers y las drogas

“Sexo, drogas y Rock and Roll” fue la consigna de la generación que nació después de la Segunda Guerra Mundial, y que hoy constituye la cuarta parte de la población mundial. Los Baby Boomers fueron quienes promovieron el amor libre, el uso de las drogas, elevaron las bandas de Rock and Roll y esgrimieron el “Prohibido prohibir”. Hoy, cuando exceden los sesenta años, prolongan su libertad amatoria con sildefin, escuchan las versiones unplugged de Eric Clapton y son los encargados de dictar las leyes, olvidando los tiempos de prohibir la prohibición. Lo que, al parecer, no han abandonado del todo es su costumbre de fumar un “porro” o “aspirarse una línea”. Un reciente artículo de Neuropsychopharmacology informa sobre el aumento de reportes de personas mayores de 55 años usando drogas ilícitas.

Mientras que en 1995 solo 1.400 personas de este grupo etario reportó usar cocaína, en el año 2002 ese número se elevó a 5.000. Lo mismo pasó con los usuarios confesos de heroína, de 1.300 ascendieron a 3.400; con marihuana, de 300 pasaron a 1.700 y aquellos que referían usar anfetaminas, de 70 se elevaron a 560.

La tendencia ha continuado, ya que mientras que en el 2002 el 2.7 % de los gerontes confesó usar drogas prohibidas, ese número había trepado al 4.4 % en el 2005. Los Baby Boomers se ponen viejos y trasladan sus costumbres con los consiguientes problemas para su salud.

Un reciente trabajo presentado por investigadores de Harvard ha informado que el riesgo de ataque al corazón es cinco veces mayor minutos después de haber fumado marihuana. A su vez el riesgo de muerte durante el infarto agudo de miocardio es 3 veces más alto en aquellos que hicieron uso de canabinoides a lo largo de su vida (Fuente: Sociedad Ibero Americano de Investigación científica).

Esta es una situación inédita, ya que nadie se imaginaba a los abuelos fumando porros. Probablemente el uso de drogas prohibidas sea más grave de lo que indican los estudios porque los médicos no suelen indagar en sus pacientes añosos sobre el uso de estupefacientes.

Vale recordar una frase del escritor Philip Dick, “El mal uso de las drogas no es una enfermedad sino una decisión, como la de ponerse frente a un coche en movimiento. Uno no llamaría a esto una enfermedad, sino un error de juicio”

El problema es que el error de juicio sigue haciendo efecto cuando el cuerpo ha dejado de ser el que teníamos a los 20 años. Abusamos de nuestro organismo con drogas y tóxicos, pero la expectativa de vida nos indica que debemos utilizar el mismo organismo por 70, 80 o más años. De no cuidarlo desde el inicio pagaremos las consecuencias cuando ya es demasiado tarde.

Carlos Alonso

10 febrero, 2010 Posted by | Salud | Deja un comentario

Navegando por los mares de la incertidumbre

Los viajes póstumos de Cristóbal Colón

Por: Jordi Fernández y Omar López Mato

Después de haber conocido glorias y fortunas, poder y respeto, el almirante Cristóbal Colón, eligió para ser inhumado un humilde sepulcro franciscano. Caído en desgracia ante el rey Fernando, discutida su actuación y desaparecidas sus riquezas en vericuetos legales, Colón tomó los hábitos menores franciscanos. En esta condición murió en Valladolid, el 20 de mayo de 1506. Tan inadvertida pasó su muerte, que en los registros de la ciudad no figura su acta de defunción. Su disputa con el monarca equivalía a un exilio de este mundo.

La tradición dice que su cuerpo fue descarnado y sus huesos descansaron, al menos por un tiempo, en la cripta de un convento franciscano que ya no existe en Valladolid. Entre 1506 y 1514 los restos del almirante recibieron el primero de los muchos traslados que habría de sufrir. Fue llevado al monasterio Cartujo de Las Cuevas (Sevilla) y enterrado, probablemente, cerca de su hermano Diego. Treinta años después de haber pasado a mejor vida, su familia por fin fue escuchada y sus restos trasladados a la ciudad que tantas venturas y desgracias le diera, la ciudad de Santo Domingo, fundada por su hermano Bartolomé. Allí llegó en fecha incierta, entre 1536 y 1549. El registro oficial recibe una petición de traslado el 2 de junio de 1537 y otra el 5 de noviembre de 1540. Sin embargo, en los registros del convento ya figura viajando hacia América en 1536.

Aparentemente en 1541 el cuerpo del almirante fue depositado cerca del altar mayor, a pesar de la resistencia del obispo y cierta reticencia popular, que todavía recordaba su desacertada actuación de no tantos años atrás. No existen registros sobre la exacta ubicación de los viajados restos, pero la tradición repite que se ubicaron a la izquierda del altar mayor, sin otras precisiones. Para complicar algo más el panorama, un documento fechado 100 años posterior a este entierro, afirma que fue inhumado a la derecha del altar. Pronto todos los muertos de la familia Colón se agruparon alrededor del célebre almirante: su hermano Bartolomé, su hijo Diego y sus dos nietos, Luis y Cristóbal II, fueron acomodándose en esta catedral que actuaba como panteón familiar. Todo parecía indicar que el almirante había encontrado un lugar para descansar en paz junto a los suyos.

Pero no fue así.

Por el tratado de Basilea, la ciudad de Santo Domingo fue cedida a Francia. Ni los españoles, ni los descendientes del almirante deseaban dejar sus restos en mano de los franceses por lo que prontamente fueron trasladados a La Habana. O así dijeron. En 1877, durante algunas reparaciones en el templo de Santo Domingo, se descubrió en una bóveda secreta una urna que tenía una inscripción donde se leía “Varón ilustre y distinguido Cristóbal Colón”. La misma contenía algunos fragmentos de huesos. La placa de plata claramente especificaba que allí estaban los restos del almirante Don Cristóbal Colón. Nuevo tema de discusión. ¿Dónde estaba Cristóbal y a quién se habían llevado a La Habana? ¿Era el cuerpo de Diego?, ¿era el esqueleto de Bartolomé o alguno de los nietos fue trasladado en lugar de su ilustre abuelo? Las opiniones se dividieron de acuerdo a las conveniencias. La Academia Española de Historia desde Madrid, sostenía que Don Cristóbal estaba en La Habana. Los dominicanos, por su parte, insistían que ése era Diego.

Para complicar el enredo, los cubanos optaron por independizarse de España, y la Madre Patria les dijo: quédense ustedes con su hermosa isla y sus doradas playas, nosotros nos llevamos a Colón a Sevilla. Y a Sevilla fue a parar el almirante o quienquiera que fuera.

Contamos ahora con dos monumentales bóvedas funerarias en sendas catedrales a ambos lados del Atlántico, y varios lugares que reclaman su derecho, porque ahora en Valladolid dicen que los franciscanos no entregaron los restos de Colón. ¿Cómo podían los franciscanos ceder a uno de sus más célebres monjes a los cartujos? Los cartujos después de demostrar un caótico desorden administrativo, afirman que Colón todavía está entre ellos… por error. Sostienen que jamás enviaron el cadáver del almirante. Para hacer el panorama más incierto, los cubanos también afirmaron que los españoles en su apuro por irse de la isla no se llevaron los restos del almirante. Según testimonio de Eusebio Leal Spengler todavía descansan en la Habana. Los huesos encontrados en la catedral de Santo Domingo, en el año 1992, fueron trasladados al Faro a Colón, un monumento faraónico construido por el gobierno dominicano, para conservar los restos del Almirante. No vaya a ser que después de tanto gasto, el allí enterrado no fuera Colón. Los dominicanos para evitar esta vergüenza, decidieron no entregar los restos del que ellos llaman Colón para ser estudiado su ADN. Después de todo, Colón pidió estar en Santo Domino y allí está.

A esta diáspora de cadáveres, debemos agregar las reliquias del almirante que, como souvenir fueron repartidas por doquier. Además de Génova, el Vaticano y la Universidad de París, hay pedacitos del almirante en Chicago, Albany, New York y otros lugares que nadie puede precisar.

En realidad, todo en la vida de Cristóbal Colon fue incertidumbre… Se conoce que nació sobre 1446 en, hipotéticamente, la ciudad italiana de Génova. En cualquier caso hasta su llegada al reino de España en el año 1484 todo son conjeturas e hipótesis y ni sus propios biógrafos, pasados y presentes, ni los que lo acompañaron por la “mar océana”, ni sus amigos, ni los modernos historiadores han podido determinar fehacientemente ni su origen, ni su lugar de nacimiento…Su propio hijo, Hernando Colón lo dijo: “Quiso que su patria y origen fuesen menos ciertos y conocidos”.

Al parecer el almirante trataba de ocultar sus orígenes, conocedor de las leyes españolas contenidas en el Ordenamiento de Alcalá, en virtud de las cuales no se permitía que ni extranjeros, ni vecinos de Castilla pudieran heredar “oficios públicos que tengan cargo de administración de justicia y regimiento o gobernación de pueblo o provincia”, y que fueran con carácter de perpetuidad… De esta forma, ni Hernando Colón, ni Diego Colón hubieran podido acceder a la sucesión en el Mayorazgo o, lo que es lo mismo, en el Almirantazgo y Virreinato de las Indias. Incluso, debido a ello, Hernando Colón entró en un pleito por la sucesión (1508-1520) en el que ponía en duda todo ello. En 1520 Diego Colón había ganado a la Corona española sus derechos.

Muchos han sido los que han tratado de sustentar la “teoría genovesa” con documentos y archivos históricos, con descubrimientos de polémicas actas (Acta de Assereto), con obras faraónicas como la Raccolta Colombiana… Sin embargo, las principales aportaciones a toda esta polémica nos llegan de la mano del propio navegante en una de sus pocas aseveraciones al respecto: “siendo yo nacido en la ciudad de Génova…de allí salí y en ella nací”, documento recogido en el Mayorazgo de Veragua. Esos datos salidos de la propia pluma del almirante, revelan parte de su pasado como el nombre de su padre -Doménico Colón- y el lugar de sus andanzas juveniles: Portugal. Se sabe que estudió en Pavía, pero el resto de su pasado sigue siendo brumoso… Incluso se duda de la actividad laboral de Colón: para sus principales biógrafos, Hernando Colón y Bartolomé De las Casas, Cristóbal Colón no era mercader, sino corsario. El historiador Carreras Valls determina que entre 1467 y 1469 actúa como corso al servicio de René d´Anjou, Conde de Provenza, haciendo lo propio para Luis XI de Francia bajo las órdenes de Coullon (Guillaume de Casenove).

Otros atribuyen la paternidad de Cristóbal Colón al príncipe español Carlos de Viana, hijo de Blanca de Navarra, y a la rica hacendada mallorquina, Margarita Colón. Cristóbal Colón sería hijo de esta relación y habría nacido en la ciudad balear de Mallorca, y no en Génova, rompiendo así la teoría genovesa que otorga la paternidad del navegante a Doménico Colón y Susana Fontanarossa.

La teoría catalanista afirma que el apellido original era “Colom”…Craso error dada que esa catalanización del apellido se da en 1493 tras su regreso del recién descubierto continente americano.

Se da la circunstancia de que la italianización del apellido “Colón” pasaría a “Colonne”, pero nunca a “Colombo”, como ha permanecido en la Historia y que es la reconversión italiana de “Colom”.

Curiosamente las traducciones que se disponen del portugués del apellido del navegante en los escritos del Rey Joao II es “Collon” proveniente del italiano “Colonne”… Sin embargo perduraría este error sintáctico a lo largo de la historia… O quizás un cambio en el apellido premeditado y consiente del apellido “Colonne” a “Colombo” al desintegrarse el clán o albergo de los Colonne. De esta forma y recurriendo a la gramática encontraríamos “familiares” de Colón en Italia (Génova, Piacenza), Francia, Coullon, en la Gascuña, España (Galicia, Baleares y Cataluña) bajo “Collon” y “Colom”, albergando todas ellas posibilidades de ser la patria chica del navegante. Además de todo ello, en los archivos históricos italianos de XV-XVIII no figura ningún albergo o familia Colombo…En cambio sí Colonne dedicados a la navegación y las mercaderías, todo ello consultable en los libros Fogaggio y las Possessionum del siglo XV.

En 1477 el futuro almirante se establece en Madeira (Portugal), se casa en 1481, en Lisboa, con Filipa Moniz, hermana de Bartolomeu de Perestrello -capitán dominatario de la isla de Porto Santo-. Viaja a Guinea y al regresar a Lisboa, dos años después le sorprende el ajusticiamiento del duque de Viseu y la persecución contra todos los parientes del duque de Bragança bajo la acusación de “conspiración contra la Corona lusa”; entre ellos estaba la esposa del futuro almirante. De tal forma Colón tuvo que salir de Portugal y refugiarse en el vecino reino de España.

Entre tanto Cristóbal Colón ya habría tenido conocimientos de tierras más allá del océano…tierras nuevas que podrían abrir rutas comerciales entre Europa y Asia… Diferentes hechos parecen atestiguarlo como el profundo conocimiento que el almirante parecía tener de aguas “desconocidas”.

A la muerte de su suegro, Colón hereda importantes documentos entre lo que figuraban cartas de navegación, relatos de navegantes, viejos mapas e idealizaciones de relatos náuticos desconocidos que abrieron un nuevo mundo a los ojos del marino. A ello habría que sumar la “leyenda” que habla de la piadosa recogida en su hogar de un marino que le narró una sorprendente historia sobre las tierras de “más allá del océano”, o de la información que pudo recabar de su amigo el corsario Jean Coetalem, reflejadas en el intercambio epistolar que mantenía con Paolo Del Pozo Toscanelli.

Todas estas pistas guiaron al intrépido almirante durante su viaje hacia un nuevo continente que él creía ser la isla de las especies.

Antes del quinto centenario de la muerte del almirante se tomaron muestras de ADN de los esqueletos que se encuentran Sevilla y Santo Domingo con el debido permiso de sus descendientes. Pero, en enero de 2005, las autoridades dominicanas, como habíamos dicho, pospusieron la apertura de la tumba por razones que no precisaron (pero que podemos adivinar). El 1 de agosto de 2006 el equipo de investigación dirigido por José Antonio Lorente, médico forense y director del Laboratorio de Identificación Genética de la Universidad de Granada, en conjunción con otras instituciones que incluye a investigadores del FBI concluyó que los huesos que se hallan en la Catedral de Sevilla son los de Cristóbal Colón, luego de comparar el ADN con el de su hermano menor Diego y con los de su hijo Hernando. Todavía se espera que las autoridades de la República Dominicana permitan el estudio de los restos atribuidos al almirante. Pero este estudio ya no es determinante para la identificación de los restos de Cristóbal Colón. Los huesos que existen en la capital andaluza no llegan al 15% de la totalidad del esqueleto (unos 250 gramos de hueso), por lo que los investigadores estiman que un porcentaje residual se encuentra en Santo Domingo…o en Valladolid, o en la Habana, o vaya uno a saber dónde.

A pesar del ADN y las pruebas genealógicas, el gran Almirante seguirá surcando los mares de la incertidumbre.

El enterratorio de Cristóbal Colón en la Catedral de Sevilla. Semejante catafalco sólo contiene 250 gramos de huesos del almirante.

10 febrero, 2010 Posted by | Curiosidades | Deja un comentario

El padre de los detectives

Todos aquellos que hemos seguido las aventuras de Jean Valjean y la perversa persecución del inspector Javert en Los Miserables no podemos dejar de imaginarnos dos personajes más contrapuestos. Sin embargo, Victor Hugo se inspiró en la misma persona para pintar al rehabilitado criminal y al perseverante inspector. El singular individuo que encara los dos rostros de Jano no es otro que Eugene François Vidocq (1775-1857), primer director de la Sûreté Nacional y asesor en la conformación de la primitiva Scotland Yard. Vidocq había nacido en Arrás y era vecino de otro francés controvertido, Maximiliano Roberspiere. Cuando tenía 14 años Vidocq robó dinero de la panadería de su padre con la idea de irse a América, pero el dinero le fue a su vez robado y sin lugar adonde ir, debió incorporarse al ejército. Dentro del escalafón militar no fue un dechado de virtudes, se batió en 14 duelos, uno de ellos fue con un superior, circunstancia que le habría valido la pena capital, pero en el enrarecido clima revolucionario los pecados de Vidocq eran simples venialidades. Después de algunas aventuras galantes desafortunadas, que siempre eran con damas de encumbrada posición social, Vidocq comienza con su actividad delictiva, como ladrón, estafador, salteador de caminos y hasta corsario. Fue arrestado y condenado a servir en las infames galeras, pero escapó y volvía a ser apresado para ser enviado a Tolón, de donde también huyó para ser una vez más arrestado y conducido a Douai.

En 1809, cansado de esta vida, ofreció sus servicios como informante a la policía de Paris (lo que llamaríamos acá un botón) a cambio de una amnistía. Primero lo fue dentro de la prisión y después de un escape simulado se infiltró entre el hampa parisina. Para no delatar su identidad asumía distintos disfraces, confundiendo a sus interlocutores a punto de ser contratado para matar a….. ¡Eugene Vidocq!

Pasado definitivamente al bando de la legalidad, sugirió la formación de la Sûreté Nacional, que él mismo comandó al frente de 12 ex convictos, “Para atrapar a un ladrón” afirmaba “hace falta otro”. En 1817 efectuó 811 arrestos todo, un record para la época.

En 1824 tras la coronación de Carlos X la Sûreté Nacional se conviertió en un arma política. Vidocq fue desvinculado de la misma, acusado de tener simpatías bonapartistas. Seis años más tarde fue reincorporado al servicio. La metodología de Vidocq, una mezcla de intrigas, rufianismo, seducción y coacción, le aparejó rivalidades y odios enfervorizados. En 1832 después de ser acusado de instigar un crimen para atribuirse el mérito de resolverlo, decidió abandonar la policía y dedicarse al más cómodo trabajo de imprentero. Por supuesto su primer libro fue una autobiografía que escribió con la ayuda de L´Heritier de L´Ain. Al parecer, el autor dejó volar su imaginación más allá de lo creíble. En 1833 Vidocq fundó la primera agencia de detectives privados contando con la asistencia de ex convictos. En sus últimos años, Vidocq se dedicó a escribir novelas basadas en sus experiencias. Dicen, los que saben, que contó con la inestimable ayuda de su amigo Honoré Balzac. Vidocq murió en 1857 y entonces nació la leyenda de estenotable personaje que dejó su impronta en la criminología siendo el primero en usar moldes para recoger huellas en la escena del crimen y tomar medidas antropométricas para la identificación de malhechores. Le pertenece la patente de la tinta indeleble y el papel inalterable, pero a pesar de estos méritos fue en la literatura donde su rastro se ha hecho imborrable. Además de los ya aludidos Hugo y Balzac, Edgar Allan Poe también se inspiró en él para crear su detective Auguste Dupin. Vidocq fue el ejemplo del detective analítico, de rigor científico y ducho en disfraces que se hace letra en Sherlock Holmes de Conan Doyle y en el  inspector Poirot de Agatha Cristie, y además de inspira las andanzas detectivescas ideadas por Borges y Bioy Casares.

Eugene Vidocq fue las dos caras de una moneda, el bien y el mal, el perseguido y el que acecha, el crimen y la justicia, la fuerza bruta y la inteligencia, el mito y la realidad. Curiosamente, su mala fama pudo más que sus aciertos y Vidocq nunca recibió el debido agradecimiento de parte de su patria, quizás porque inconscientemente aun persiste el mito lombrosiano del criminal nato e irreducible. Por eso, porque la literatura es más comprensiva de las debilidades humanas que la Justicia, es que Vidocq habita el menos riguroso y más indulgente mundo de las letras.

10 febrero, 2010 Posted by | Curiosidades | Deja un comentario

Two to tango

La terapia del 2 x 4

La danza está en nuestro cerebro, es parte de nuestra capacidad de expresión que mantiene su vigencia desde tiempos inmemoriales. Todo pueblo primitivo se expresó bailando y cada nación tiene la danza que le es propia. Pero ¿en qué parte de nuestro cerebro se asienta esta capacidad danzante? Por más de que existiera la sospecha de qué partes del encéfalo estaban comprometidas, nadie tenía certeza de su ubicación, hasta que Michael Martinez, profesor de Universidad de Texas, hizo bailar a cinco mujeres y cinco varones en un tomógrafo. No vayan a pensar que armó un bailongo en el hospital (bueno, en realidad no lo sabemos). Mientras cada uno de ellos era sometido a una tomografía de positrones para estudiar qué parte del cerebro se activa durante el baile, los examinados reproducían pasos de tango mientras escuchaban el arrullo arbolero del zorzal criollo, que cada día canta mejor.

Los estudios demostraron que varias zonas se activaban al compás del 2 x 4, especialmente el lóbulo parietal, que contribuye a la percepción espacial. Es decir, para bailar se necesita reconocer la posición del cuerpo y  las extremidades, sin necesidad de verlas. Más precisamente, la zona activada del lóbulo parietal es conocida bajo el nombre de Precuneus, muy cerca del lugar donde se encuentra la representación cinética de las piernas. A su vez, una parte del cerebelo actúa como metrónomo, asistiendo a sincronizar los movimientos de la espina dorsal.

Usted bien se preguntará ¿Estos muchachos no tienen cosas importantes que hacer? Espere usted un momento, compañero. Toda esta actividad de neuronas asociadas y el aprendizaje para su actividad puede tener una aplicación terapéutica. Investigadores de la Universidad de Washington descubrieron que bailar tango mejora la coordinación motora en pacientes con enfermedad de Parkinson. Esta afección implica la pérdida de neuronas de los ganglios basales del cerebro, interrumpiendo los mensajes que se envían desde la corteza motora. Como resultado de este cortocircuito, los pacientes experimentan temblores, rigidez muscular y dificultad en el inicio de la marcha.

Varios investigadores han descripto que después de 20 clases de tango, los pacientes con Parkinson tienen menos rigidez y temblor, que aquellos que solamente hicieron ejercicios físicos. Los nuevos bailarines mejoran así su motilidad en forma notable. Al parecer, los cortes y quebradas de las papusas y los fiolos que milonguean mejoran el yugo del valero, como bien suponían los troesmas del gotan.

Homenaje a Oski. Dibujo lápiz (0.87mts x 1.10mts) 1999. Fernando Martínez

10 febrero, 2010 Posted by | Salud | Deja un comentario

Domingo Faustino Sarmiento

Enfermedades y muerte del loco Sarmiento

Pocas personas en la historia argentina han sido tan veneradas y a su vez tan discutidas. Sarmiento, como dijo Ricardo Rojas, fue un porteño en las provincias y un provinciano en Buenos Aires, su medio fue la discusión, el debate para imponer su idea conducente: la patria debía ser educada. A tal fin dispuso de un poderoso caudal intelectual y su enorme capacidad de trabajo, que incluía una casi infinita capacidad para disentir, argumentar, exagerar y ganarse enemigos.

A pesar de sus condiciones y predisposición intelectual, Sarmiento no había tenido una educación formal y para colmo se le negó la beca para terminar su formación en Buenos Aires, suerte de la que había gozado Juan Bautista Alberdi, quien sería con los años su gran contrincante intelectual. Este hecho fue en parte motivo de orgullo por su condición de autodidacta y a su vez de vergüenza por no poder lucir los laureles académicos de otros que le enrostraban su formación profesional.

Las guerras civiles lo contaron como un protagonista más. En 1828 comenzó su carrera militar como subteniente de la segunda compañía del batallón de infantería sanjuanina. No tuvo un buen comienzo. Lo detuvieron por haber faltado a la guardia en varias oportunidades. Sin embargo, su condición de sostén de familia y sus numerosos parientes intercedieron para atemperar la pena.

Este poco auspicioso comienzo no lo hizo aborrecer los cargos militares. Al contrario, siempre se complació en fotografiarse de uniforme (como lo hizo durante la campaña de Caseros). Y al final de su vida se ufanaba de haber accedido al generalato.

En dos oportunidades estuvo el sanjuanino a punto de caer prisionero de los federales, en la batalla de Pocitos y en la de Pilar, de la que huyó junto a Narciso Laprida. Este último no tuvo la suerte de Sarmiento, fue apresado y su cuerpo nunca hallado. Dicen que fue enterrado vivo o murió emparedado y abandonado, en una casa. Sarmiento a pesar de caer prisionero de las tropas del Fraile Aldao logró salvar su vida gracias a la intervención de su tío José de Oro frente al general Villafañe.

Para poner distancia al peligro emprendió junto a su padre el camino del exilio. En el pueblo de Aconcagua mantuvo un breve romance con María Jesús del Canto. Fruto de esta relación nació Ana Faustina, quien con los años velaría por la salud de su padre. En Copiapó, Sarmiento trabajó en las minas de plata, y allí cayó víctima de la fiebre tifoidea que puso en peligro su vida. Tan grave fue su enfermedad que Sarmiento refiere haber sufrido un ataque cerebral, un eufemismo para describir sus delirios a causa de la fiebre. Con la excusa de esta afección que consideraban terminal, la familia consiguió que las autoridades le concediesen el permiso para volver a sus pagos. Durante su permanencia en San Juan le tocó vivir uno de los períodos más felices y prolíficos de su existencia. Conoció al Dr. Guillermo Rawson  quien sería el primer sanitarista del país y trabó amistad con Aberastain, Damián Hudson y Quiroga de la Rosa. En ese tiempo  publicó el Zonda, periódico que conoció muy pocas ediciones pero que se convirtió en un hito de la historia del periodismo nacional. El gobernador Benavídez que hasta entonces se había mostrado de lo más condescendientes con el joven, debió increparlo por la vehemencia de sus escritos. A raíz de la revolución unitaria en Mendoza, Sarmiento fue apresado y por poco linchado por la soldadesca. Una vez más Benavídez intercedió por su vida y Sarmiento debió tomar el camino del exilio. Fue en esta oportunidad que escribió la frase de Fourtoul (pero que Groussac atribuye a Volney) “On ne pue point les idées” que Sarmiento curiosamente pasó a la historia  como “Bárbaros, las ideas no se matan” aunque lo de bárbaros no aparece en la versión original.

Al llegar a Chile su salud se había deteriorado a tal punto que el escritor José Victorino Lastarria decía que a pesar de sus 32 años parecía de sesenta. Ya para entonces lucía calva, estaba obeso y caminaba encorvado. Estando en Chile dio vuelo a su pluma y se dedicó, por indicación del ministro Montt, a la actividad docente. En junio de 1843 fue designado miembro del Cuerpo Académico de la Facultad de Humanidades bajo el rectorado de Andrés Bello. En la oportunidad preconizó la simplificación de la ortografía hispana y de paso se tiró contra la Madre Patria a la que no tenía en alta estima.

Hacia 1850 mientras escribía su Argirópolis comenzó a sufrir trastornos renales que lo acompañaron hasta el final de sus días. Entonces se constató una progresiva pérdida de audición; la misma fue avanzando a punto tal de que para cuando fue presidente, debió valerse de una corneta para escuchar a sus interlocutores. El 23 de Agosto de 1813, Sarmiento sufrió un atentado en la calle Corrientes (esquina Maipú), en camino a la residencia de Vélez Sarsfield donde visitaba a su amada Aurelia. La bomba armada por los hermanos Güeri estalló por exceso de carga, sin embargo Sarmiento de nada se enteró en el momento. Esta sordera fue motivo de discusiones políticas. Sus colegas parlamentarios estaban muy preocupados de cómo harían para comunicarse con el indómito sanjuanino cuando este asumiese su senaduría. Al enterarse del debate, Sarmiento afirmó: “No se preocupen porque no vengo a escucharlos sino a que me escuchen a mi”.

El sanjuanino solía decir que su hipoacusia obedecía “a los daños causados por mis enemigos políticos, quienes me fuerzan a una constante tensión cerebral”. Sin embargo gracias al accionar del Dr. Salvador Doncel, aseguraba haber “reestablecido la aptitud de oír”.

Estando en Tucumán, en 1876, se percata de un edema irreductible en las piernas, signo de la insuficiencia cardiaca que lo llevará a la tumba. En 1882 sufrió un vómito de sangre. El Dr. Carlos Lloveras, su primo y amigo, en la oportunidad le diagnosticó una úlcera de estómago, pero el episodio no volvió a repetirse.

Las luchas políticas minaron su salud; después de combatir la candidatura de Juárez Celman, se sintió desfallecer, una pertinaz bronquitis lo tuvo a mal traer. Deseoso de escapar de los rigores del invierno porteño se embarcó hacia Asunción. El clima benigno le dio nuevos ánimos. Todo lo estudiaba, todo lo analizaba, pero no pudo con su genio, un comentario que realizó sobre el dictador Francia lo condujo a un cambio de palabras que terminó con un reto a duelo. El presidente de Paraguay evitó oportunamente el enfrentamiento.

Sarmiento retornó en Diciembre a Buenos Aires, pero a pesar de su actividad desbordante, adivinaba que el fin estaba cerca. Cultivó una hiedra para su tumba en el terreno que le cedieron en la Recoleta y preparó todos los detalles para su entierro, como lo había hecho a la muerte de Dominguito. En la oportunidad eligió su epitafio “Una América toda asilo de los dioses todos con lengua, tierra y ríos y libres para todos”.

El 28 de Mayo de 1886 se embarcó una vez más hacia Paraguay. No era el mismo que había estado un año antes: estaba afónico, había perdido peso, pero no había perdido su espíritu “¡Ah! Si me hicieran presidente les daría el chasco de vivir diez años más” .

Muchas ilusiones no se hacia, al ver alejarse la ciudad de Buenos Aires, murmuró con una triste sonrisa “Morituri te salutant”, la despedida de los gladiadores.

En Asunción se alojó en el hotel Cancha Sociedad, en tierras que fueran de madame Lynch[1]. Sarmiento estaba muy entusiasmado construyendo una casa isotérmica traída de Bélgica. Vencida la tos, el viejo estadista recuperó sus fuerzas y trabajó incansablemente. Plantó árboles, asistió a los obreros en la búsqueda de agua, escribió artículos, jugó con sus nietos y hasta salió de pic-nic con la familia. Para colmar su felicidad llegó Aurelia Vélez. A ella le había escrito: “Venga, juntemos nuestros desencantos para ver sonriendo pasa la vida”. Aurelia vino en compañía de su hermana Constantino y su sobrina Manuela. A ella le enseñó a leer con un viejo ejemplar del Facundo. Fue su última alumna.

Tanta actividad lo resintió. Al comenzar Agosto, su palidez impresiona. Llaman a su nieto Julio y requieren los servicios de su médico, el Dr. Lloveras que no está en condiciones de viajar. La noticia de su gravedad se difunde, las cartas llueven, todos quieren saber como está el sanjuanino. Él les contesta a todos, pero sus ojos se llenan de lágrimas, se está despidiendo de sus amigos, de la gente que lo quiere, que lo admira.

El doctor Andreussi lo visitaba a diario, dando precisas instrucciones; nada ni nadie debía alterarlo. Pero aún así se exaltaba por pequeñeces. Aurelia debe volver a Buenos Aires. Se despidieron sabiendo que nunca más volverían a verse.

El Dr. Andreussi lo asistió junto al Dr. Hassler. Ante la gravedad del paciente se sumaron a la consulta los doctores Candelón (que hizo un retrato pormenorizado de estos últimos días), Hoskina, Vallory y Morra. Juntos diagnosticaron una lesión orgánica al corazón de pronóstico ominoso. Sarmiento se preparó para morir y le pidió a su nieto que lo sentase en el sillón “para ver amanecer”. Nunca más vio el sol de la mañana.

“Siento que el frío del bronce me invade los pies” se le escuchó decir. Murió a las 2:15 del 11 de septiembre. Muerto ya,  el ministro García Mérou en compañía del fotógrafo Manuel de San Martín retrató al difunto como era costumbre de la época. El escultor Víctor de Pol tomó su máscara mortuoria. Los tres médicos de cabecera se encargarán de embalsamar el cadáver.

Así comienza el lento retorno de Sarmiento a la patria que tanto lo ha idolatrado y también lo ha criticado. Mucho se ha discutido si Sarmiento murió reconciliado con la religión. Una carta fechada en 1874 a su amigo José Posse, dice textualmente. “Hubiera deseado que a la hora de la muerte estuvieses por aquí para verme morir sacramente y reconciliado con la Iglesia”. Sin embargo sus enfrentamientos con monseñor Aneiros continuaron por varios años más.

Se sabe que Sarmiento estando agonizando, fue llamado el padre Antonio Scarella[1] para auxiliarlo en sus dependencias de la Cancha Sociedad. Hacia allí se dirigió el cura conducido por dos ordenanzas. Al llegar debió esperar veinte minutos al cabo de los cuales uno de los doctores anunció la muerte del ex presidente.

¿Había llamado Sarmiento al sacerdote –como sospechaba el mismo Scarella- o acaso uno de su séquito esperaba que en el último momento Sarmiento se reconciliara con la religión? Aníbal Ponce cuenta que Sarmiento adelantándose a alguna debilidad o posible desvarío, les dijo a sus familiares y amigos “Yo he respetado sus creencias sin violentarlas jamás. Devuélvanme ese respeto. Que no haya sacerdotes junto a mi lecho de muerte. No quiero que por un instante de debilidad pueda comprometer la dignidad de mi vida”

¿Llamó Sarmiento a un sacerdote o alguien lo hizo en caso de que se arrepintiera de su ateismo? Eso, solo Dios lo sabe.


[1] Testimonio del padre citado por el diario el Pueblo del 21 de agosto de 1938.


[1] La amante irlandesa de Solano López.

¿El loco Sarmiento?


La personalidad conflictiva del sanjuanino creaba odios y amores, adeptos y contrincantes. Nada le era indiferente y a su vez él no le era indiferente a nadie. Bien lo llamó García Hamilton cuyano alborotador.

Las afirmaciones exageradas y fuera de lugar en las que incurrió Sarmiento tenían preocupado a todo el espectro político. De hecho, Sarmiento, llamado “el loco” por sus coetáneos (tanto amigos como enemigos), cuando fue presidente estuvo a punto de ser interpelado por insania. Fue el único mandatario que llegó a una situación tan comprometida. Sus constantes exabruptos más su profunda sordera que asistía a su mal humor hacían poner en duda su capacidad de mando.

A lo largo de su vida Sarmiento abundó en frases que nos hacen dudar sobre su equilibrio psíquico. Veamos algunas de ellas:

“Si los pobres se han de morir, que se mueran, porque el Estado no tiene caridad, no tiene alma. El mendigo es un insecto…”

“Tengo odio a la barbarie popular…mientras haya un chiripá no habrá ciudadanos”

“Por los salvajes de América siento una invencible repugnancia”

“El Chacho ha sido perseguido… y le han cortado la cabeza. Yo he aplaudido el hecho precisamente por la forma”.

“La sangre (del gaucho)… es lo único que tienen de seres humanos”

“Es preciso emplear el terror para triunfar”

“Si el coronel Sanders (uno de los coroneles de Mitre enviado a pacificar el interior) mata gente, cállese la boca, son animales bípedos de tan perversa condición que no sé qué obtenga por tratarlos mejor”

“Para ganar las elecciones de 1857 nuestra base de operaciones ha consistido en la audacia y el terror”

“Es preciso acogotar a Alberdi, del Carril, Gutiérrez y Fraguero con Vicente Fidel López, Cané, Luis, Domínguez y Tejedor” (un precoz “Que se vayan todos”)

No le caían en gracia ni los españoles, ni los italianos, ni los irlandeses, menos aun los árabes y los judíos.

Paul Groussac, quien bien lo conocía, lo llamaba “Don Yo”: “desbordante, desbrochado, francote, exabruptal, henchido de legítimo orgullo y de grotesca vanidad”. También lo llamaba “el más atrevido de los baqueanos intelectuales”, en reconocimiento de sus méritos, ingenio y espíritu innovador. Nadie podía soslayar su ánimo batallador, que apenas se adormecía para brotar con nuevas ínfulas minutos más tarde. Nunca escarmentaba, no había derrota que lo amilanara, no había excusas, no pedía perdón, seguía adelante con lo suyo. Ordenó fusilamientos sumarios, como el de Arredondo en 1874, que gracias a Roca que se hizo el distraído y lo dejó escapar. En Montevideo ridiculizó a las hermanas docentes de la Santa Unión, circunstancia que Pedro Goyena aprovechó para tildarlo de “animalis homo”. Celebró la muerte del Chaco Peñaloza. Puso precio a la cabeza de López Jordán y a su secretario, un joven llamado José Hernández. Acusó a Mitre de cohecho (revolución de 1874) cuando bien sabía que el general no había tocado un peso.

La discusión con Alberdi, que si bien fue el punto cúlmine en el debate institucional de nuestra incipiente democracia,  degeneró en un ataque personal, un discurso “ad hominem”, teñido por la disimulada envidia que Sarmiento sentía hacia Alberdi. Sarmiento no tenía título universitario que lucir, cosa que si podía esgrimir el tucumano.

Alberdi fue quizás el que mejor pudo captar las intrínsecas contradicciones del sanjuanino. Era educacionista sin educación, decía ser liberal cuando en rigor era un segundo Facundo por su temperamento. Como no pudo vencer al Chacho, aplaudió su asesinato y luego lo calumnió presentándolo como un bandolero. (Fuente: Hombres y mujeres en tiempo de orden, Rogelio Alaníz).

Sarmiento podría incluirse dentro de las personalidades que llamamos psicópatas narcisistas o inseguros de sí (según el DSM IV “Trastorno de la personalidad narcista”). Su educación, poco sistematizada, le daba cierto complejo de inferioridad que ocultaba bajo el sayo del self made man. Su espíritu confrontativo lo llevó a enfrentamientos innecesarios, recurriendo a mentiras y exageraciones que utilizó en perjuicio de sus opositores.

“El loco” fue atemperando sus actitudes psicopáticas con el tiempo (como suele pasar en otras personas de las mismas características). Al parecer, la corteza prefrontal va inhibiendo los impulsos intempestivos generados por la zona amigdalina. La senectud fue un bálsamo que atemperó las rispideces de su carácter y dio vuelo a su imagen de hombre público, el venerado patriarca de las letras, el educador de un continente, el polemista que sólo de vez en cuando sorprendía a sus interlocutores con un exabrupto.

“La pasión es pués una cualidad fundamental del genio y ella es justamente un signo característico de la personalidad de Sarmiento que bajo la sugestión de aquella exalta toda sus potencias y se identifica con la patria cuya organización, lucha, sufre y sueña” afirmó el doctor Nerio Rojas, que estudió los antecedentes psiquiátricos del estadista. Este “estado pasional” lo llevaba fácilmente a situaciones extremas en que perdía el equilibrio y caía en instantes de verdadera alienación.

Así fue Sarmiento, el hombre, el estadista, el ex presidente al que una Nación homenajeaba mientras su ataúd bajaba por el Paraná recibiendo gestos de dolor, afecto y admiración, que no todos compartían. Mientras el cortejo fúnebre llevaba los restos del Sanjuanino hacia el cementerio de la Recoleta, un señor cargado de años y rencores vió pasar el féretro de su enemigo (una suerte que no todos pueden disfrutar). Era López Jordán, que volvía a Buenos Aires gracias a una amnistía que olvidaba sus guerras en Entre Ríos. Siguió con los ojos el camino del cortejo y cuando ya se perdía en la distancia, escupió un feroz: “Por fin me vas a dejar de joder”.

Dos años más tarde el hijo de una de sus víctimas, al descubrirlo caminando tranquilamente por las calles de Buenos Aires, mató a López Jordán de un tiro en la cabeza.

Civilización y barbarie.

10 febrero, 2010 Posted by | Historia | Deja un comentario

La biología de la moralidad

I

Ya lo decía T. Huxley en la famosa discusión que mantuvo con el obispo Wilberface, seis meses después de la aparición del célebre libro de Darwin El origen de las especies, hace justo 150 años: “Preferiría tener un mono de abuelo antes que un obispo que usa sus facultades para ridiculizar a la ciencia”.

Solemos creer que los hombres son los únicos seres en este mundo en ejercer la moralidad y que esta fue una creación de la religión. Ambas ideas son falsas. En primer lugar, podemos observar conductas protomorales en los animales, especialmente en aquellos que conviven en grupos, y más concretamente entres los simios superiores. Los monos se observan conductas altruistas y un primitivo espíritu de colaboración, porque han descubierto que más colaboración es más comida y por lo tanto bienestar para todos.

Si bien es más frecuente y fácil de documentar en simios estas conductas también pueden ser apreciadas en los delfines, que asisten a sus congéneres enfermos, entre las ballenas y los elefantes. En definitiva, podríamos afirmar que la moralidad y el altruismo dependen del desarrollo cerebral del animal.

Franz de Waal traza dos sociedades de simios: una, brutal y guerrera, formada por chimpancés y la otra, erótica y pacífica formada por los bonabos (o chimpancés enanos). El ser humano es la mezcla de estas dos condiciones. Los pueblos primitivos, los cazadores del paleolítico, heredaron y desarrollaron ambas características esenciales para su sobrevida. Los principios morales de estos grupos evolucionaron gracias a una selección natural, porque aunque individualmente  la moralidad puede no darle ventajas a cada individuo (el altruismo puede costarle la vida), el grupo que cuenta con un mayor standard moral puede verse beneficiado con respecto a otros grupos de cánones menos estrictos.

Para Darwin la moralidad “es un elemento importante para el éxito del grupo”. Este concepto de ética social fue soslayado por los neodarwinistas, que a mediados de los 60´, embanderados tras un liberalismo feroz, aplicaron los principios de la lucha de las especies a estructuras sociales artificiales, priorizando la competencia y olvidando el espíritu colaborativo que el mismo Darwin había enaltecido. La sociedad se guía por clichés, y ha simplificado de la lucha de las especies a “la sobrevida del mejor”, concepto que Darwin jamás utilizó pero que sí hizo Huxley al calor del debate con la Iglesia. Ni los más rápidos, ni los fuertes son, necesariamente, los que van a sobrevivir, es más probable que sobrevivan los que mejor se adapten y los que mejor se adaptan al medio son aquellos que saben colaborar con el grupo. No sobrevive el más apto, sobrevive el que mejor se adapta. Curiosamente esta revalorización de la colaboración resurgió en las teorías del fundador del anarquismo, Kropotkin, quien durante sus años de reclusión en Siberia pudo estudiar la coordinación de las manadas de lobos y su importancia para el éxito del grupo. Y hablando de lobos, para compenetrarnos de los factores biológicos que guían las conductas, me quiero remitir a los estudios del genetista Dimitris Belyaer y a su estudio del zorro plateado en Siberia. Belyaer comenzó a seleccionar a los individuos que tenían una actitud amigable hacia el hombre. En menos de 35 generaciones (es decir muy poco tiempo para los criterios evolutivos) los genetistas desarrollaron una variedad de zorros dóciles y amistosos, pero acompañando a este espíritu pacífico se observaron una serie de cambios anatómicos: cráneos más chicos, mandíbulas y dientes más pequeños que sus congéneres más agresivos. El mismo fenómeno puede verse en la naturaleza por las diferencias entre los chimpancés (animal más propenso a la agresión) y los bonobó o “chimpancé enano” que tienen justamente un cráneo más pequeño además de tener mandíbula y dientes de menores dimensiones. Pasa lo mismo con el perro doméstico y los lobos salvajes de quienes derivaron hace más de 15000 años. Ser dócil, pacífico y amistoso, implica un grado de paedomorfismo, que quiere decir retener algunas características físicas del animal joven en su adultez.

A lo largo de los últimos 20.000 años de humanidad civilizada, ha habido dentro de la sociedad una tendencia a elegir personas menos agresivas como reproductores. La sociedad civilizada no necesita más machos alfa y la agresividad ya no es tan necesaria, al contrario, pasa a ser un alterador del orden social. Consecuentemente, el hombre moderno ha sufrido una reducción en el tamaño de su cráneo (que no implica menos inteligencia), tiene dientes más chicos y mandíbula menos prominente.

Pero estos cambios físicos van acompañados de cambios bioquímicos: bajos niveles de serotomina en el líquido céfalo raquídeo, que son sinónimos de menor agresión e impulsividad. La ocitocina, llamada la hormona del abrazo, tiene niveles diferentes entre los chimpancés y los bonobos a pesar de pertenecer a la misma especie.

¿Dónde se producen estos cambios? En el cerebro que también cambia su conformación. El crecimiento del encéfalo de los primates hasta llegar al de los humanos se ha hecho a expensas del lóbulo frontal. En todos los primates se observa que el crecimiento del lóbulo frontal se acompaña de menos agresividad innecesaria. Por ejemplo los babuinos son más indisciplinados que los chimpancés y estos que los bonobos en los que va progresando el volumen e su lóbulo prefrontal.

En la próxima entrega veremos más cambios anatómicos y fisiológicos que condicionan nuestra moralidad.

II


Se puede afirmar que parte de nuestras conductas morales consisten en retrasar los impulsos que implican una gratificación inmediata. Es el manejo de nuestras pulsiones iniciales con una meta ulterior (que los humanos justificaremos sutilmente de formas diferentes, religión, moralidad, cumplimiento del deber etc.…). El proceso podía simplificarse diciendo que es la interacción de dos partes del cerebro: la amígdala y el sistema límbico por un lado, contra la corteza prefrontal.

La amígdala es la parte más primitiva del cerebro, el lugar de las respuestas impulsivas, de agresión o huída. En un intento por homologarlo con las teorías freudianas diríamos que aquí radica el Ello, las pulsiones primarias. Por el otro la corteza prefrontal, lugar de nuestras funciones superiores, la más nueva filogenéticamente y, justamente por ello, la más frágil es la que primero se pierde ante agresiones contra el cerebro. Cuando la corteza prefrontal se destruye por un tumor el individuo pierde su pudor, insulta, se exhiben desnudos y además de ejercer un particular sentido del humor, caracterizado por chistes insultos y tontos juegos de palabras (proceso llamado Moría).

La corteza prefrontal, siguiendo nuestra analogía freudiana (que hago para su mejor comprensión y no por mi completa coincidencia) sería el locus del Superyo. De esta interacción entre la amígdala y el lóbulo prefrontal nace la acción, nuestra conducta, nuestra subjetividad, nuestro Yo, que podrá o no inhibir la tendencia primaria de respuesta amigdalina que generalmente requiere satisfacción inmediata. De hecho, algunos postulan que la sabiduría, no sólo es el acúmulo de conocimientos sino la interacción entre los conocimientos y las formas de ponerlos en práctica.

Una adecuación a la realidad, nace de la sujeción de las reacciones intempestivas de la amígdala por parte de la corteza prefrontal para lograr la postergación o inhibición de ese impulso en aras de metas colectivas o  gratificaciones tardías.

Esta sabiduría, que como decía es la suma de conocimientos y experiencias que le da sentido biológico y evolutivo a la vejez. Si el sentido de la vida es la transmisión de nuestros genes a generaciones posteriores ¿qué sentido tiene la vejez? Justamente a través de su sabiduría los viejos pueden asistir a sus hijos y nietos a mejorar las condiciones para cumplir con su tarea reproductiva.

A medida que el hombre primitivo se sociabiliza necesita cada vez más de los pensamientos morales para ordenar la sociedad. Nacen entonces las religiones que se adueñan de la moralidad y se convierten en instancias superiores para evitar los excesos de los grupos gobernantes. Se necesita un juez superior a los jueces terrenales. La religión se convierte en un fabuloso organizador social. Así lo entendió Constantino cuando consagró al cristianismo como religión oficial del Imperio Romano. El emperador necesitaba una nueva moralidad para poner orden al Estado. Los viejos cánones politeístas habían relajado las costumbres. Necesitaba un nuevo organizador por eso es que, a pesar de no haber abrazado la fe cristiana (o mejor dicho lo hizo al final de su vida), participó activamente del concilio de Nicea.

La recompensa por los valores morales positivos para el grupo y la sanción de las actitudes negativas se convirtió en un ítem fundamental para los líderes religiosos, que en un principio -y aún hoy en ciertas sociedades como las islámicas- están unidos al poder político.

Cuando los recursos y las recompensas del medio son escasos, mayor será el sentimiento religioso de la gente (un buen ejemplo de esta tendencia es justamente el fundamentalismo islámico). Cuanto más sofisticada y contenedora es la sociedad, los sentimientos religiosos tienden a diluirse. Es lo que está pasando con nuestra sociedad que satisface las necesidades de sus miembros y por lo tanto tienden a alejarse de las religiones organizadas y dogmáticas. Ya no se necesita un sacerdote que interprete la Biblia, la difusión de libros por la imprenta permitió el desarrollo del protestantismo donde cada cual era dueño de la Biblia y lo que le permitía interpretar la palabra de Dios.

El ser humano es naturalmente moral e inmoral, bueno y malo, generoso y egoísta, pacífico y belicoso. No somos nobles salvajes, -que no son tan nobles, ni tan salvajes, ni tablas rasas-. Venimos con códigos hereditarios. Somos agentes morales responsables por nuestras acciones, contamos con un libre albedrío, restringido, pero existente, ya que la interacciones de los cientos de factores que los condicionan son casi.

La moralidad nace de la necesidad biológica, como dijo Darwin.: “Aquel que comprenda al baduino va  a hacer por la metafísica mucho más de lo que hizo Locke”. Uno de los problemas de nuestros pensadores y filósofos, especialmente en la Argentina, es la falta de formación científica, circunstancia que los hace especialmente permeable a pseudociencia y/o a antiguas disquisiciones filosóficas como el de la tabla rasa. El hombre de ninguna forma es un papel en blanco, llega al mundo con genes que le otorgan una individualidad y características particulares que le permitirá incorporar las influencias del ambiente de una forma propia y peculiar. No somos solo espíritu, ni debemos vivir nuestras vidas condicionados por la expectativa de un mundo mejor después de nuestra existencia, ese es una forma de amenaza inventada por algunas religiones para mantenernos sometidos a un orden en esta tierra que cada cual está libre de creer, aunque deba tener claro que surgió, se mantiene y se va a mantener como un organizador social, uno de los más fuertes que hemos sabido generar para sostener un equilibrio social que en los grupos de nuestros predecesores en la escala zoológica se mantiene a fuerza de golpes y peleas. Un pequeño gran paso en la evolución.

10 febrero, 2010 Posted by | Salud | 2 comentarios